Azúcar en el salero – Graciela Otranto – Devocional Infantil

Azúcar en el salero

“…Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros“
Romanos 12:4-5

Magdalena era muy colaboradora, y eso es bueno. Pero cuando se quiere ocupar el lugar del otro, sin su consentimiento, y ser el centro de admiración, se podrán recibir los elogios de la gente, pero no tardarán en aparecer los problemas. Magdalena tenía que aprender a trabajar en equipo, donde cada uno tiene su función y su tarea.
En su afán por destacarse, ella hacía el trabajo que le correspondía realizar a otros. Con esa actitud sólo lograba que sus compañeras se sintieran inútiles e ineficientes. La maestra, hacía tiempo que venía observando esta situación y temía que tuviera un triste desenlace. Porque el resto de las alumnas se sentían incómodas y estaban enojadas.

El asunto no era sencillo, porque Magdalena era buena y necesitaba el afecto de la gente, pero su actitud provocaba el efecto contrario. Tampoco era justo regañar a Magdalena porque ella hacía las cosas con buena disposición. La maestra pensó que lo mejor sería dar una enseñanza general, que fuera útil a todos, para no exponer directamente a Magdalena. Para eso, invitó a los chicos a comer hamburguesas en su casa ¿A quién no le gustan las hamburguesas? Pensó.

El olor de las hamburguesas asadas era delicioso, a los chicos se les hacía agua la boca. Tenían un deseo tremendo de dar el primer bocado. Se prepararon las ensaladas y los aderezos de costumbre.

– ¡Me olvidé de ponerles sal! – Exclamó de repente la maestra – Por favor no se olviden de agregársela, porque con sal son más sabrosas.

Cuando estuvieron listas, los chicos le agregaron la sal suficiente ¡Y ahora a disfrutar del tremendo manjar!. Pero cuando les dieron el primer mordisco, todos quedaron desilusionados. Las hamburguesas no estaban buenas.

– ¿Qué pasó?– les preguntó la maestra.
– No sabemos, pero tienen un gusto raro, distinto, feo…– decían decepcionados. Y con pena iban dejando los sándwiches sobre la mesa.
– Alguien puso azúcar en los saleros — Apuntó Lucía con timidez.

Todos asintieron con la cabeza, estaban hambrientos. Pero ¿Quién podía comer hamburguesas con azúcar? A ellos, particularmente les parecía desagradable.

– Se malogró la comida por culpa del azúcar ¿verdad? – les dijo la maestra— ¡Y todo porque el azúcar ocupó el lugar de la sal!
– Es que el azúcar no debería estar ahí, su sitio era la azucarera – protestó Camilo que a esta altura de la noche ya estaba muerto de hambre.
Cuando se ocupa el lugar que a uno no le corresponde, se corre el riesgo de que se malogre la comida, la amistad, o las buenas relaciones. Por eso cada uno deber ocupar su lugar y cumplir con su tarea. Esa norma de convivencia hará que todos vivamos en armonía.

“Porque así como en el cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función…” (Rom:12:4) Es bueno ayudarse unos con otros, pero mejor es ayudar al otro a que pueda realizar la tarea que a él se le ha encomendado. Desde ese día Magdalena cambió su actitud y se las compañeras la llenaron de afectos. Los chicos se conformaron rápido con unas pizzas, pero los que estuvieron de fiesta esa noche fueron los perros del vecindario, que se comieron todas las hamburguesas sin importarles la abundante cantidad de azúcar que tenían.

Autora: Graciela Otranto
graceotranto@gmail.com
http://graceotranto.blogspot.com.ar/

Escrito para www.devocionalinfantil.com

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