La salvación – Carolina de Valle – Devocional Infantil

La salvación

Salmo 142:7la_salvacion[1]

“Saca mi alma de prisión, para que yo de gracias a tu nombre”.

Una tarde Miguelito se unió a su papá en su taller de trabajo.

– Tengo una adivinanza para ti papá – le4 dijo – Imagínate en una prisión con paredes solidas como las piedras, no hay puertas ni ventanas. ¿Cómo podrías escaparte?
El papá lo pensó por un rato.
– No hiciste mención de un techo. Quizás no hay uno. Podría escaparme trepando.
– El techo es sólido como las paredes – dijo negando con la cabeza – El cuarto es como una caja sin abertura alguna.

El papá alzo su almádana y amenazo con él en forma de juego.

– Está bien, como estas imaginando una prisión, voy a imaginar que tengo una almádana. Le hago un hueco a la pared y escapo – dijo.
– ¡No en mi prisión! – declaro Miguel – las paredes son demasiado gruesas. ¿Te rindes?
– Supongo que sí – dijo el papá – Parece que no hay salida.
– ¡Oh, sí la hay! – dijo Miguelito riéndose con picardía – ¡Si se desata el sarampión!

El papá se rio. Luego, con cara seria dijo:

– ¿Sabías que hay mucha gente metidas en un tipo de prisiones de las cuales no pueden salir? Temo que tu también lo estés, Miguel.
– ¿Yo? ¿En una prisión? ¡Estas bromeando! Estoy aquí en tu taller. Puedo salir cuando quiera.
– Me refiero a una prisión espiritual – le dijo el papá – Es la prisión del pecado. Necesitamos ser rescatados de ella, no podemos escapar por nosotros mismos, no importa lo que hagamos. Aun desatándose el sarampión, eso no ayudaría – añadió.

Miguelito se quedo pensativo mientras pasaba sus dedos sobre la almádana de su papá.

– Tengo que permitir que Jesús me rescate ¿No es así? – pregunto – Desde el domingo que el pastor hablo de cómo las obras no pueden salvar a una persona, he estado pensando mucho acerca de eso. Yo se que Jesús murió y resucito por mi – miro a su papá – me gustaría pedirle a Jesús que me saque de la prisión del pecado ahora mismo – añadió con suavidad.

El papá puso sus brazos alrededor de los hombros de Miguel, y juntos se arrodillaron para hablar con el Señor.

Recuerda:

No tendríamos escape de la prisión del pecado si Jesús no hubiera venido a morir en la cruz por nosotros. Él nos sacara de nuestra prisión en el momento que confiemos en Él para hacerlo.

Autor: Carolina de Valle

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